Versos de luto

Adiós a un símbolo del amor y la amistad

A Mary Rebeca, mi hermana.

Hubiera preferido despedirte en el terminal aéreo, dado que eras viajera incansable, con espíritu aventurero e inquieta por conocer lugares, te encantaba hacerlo con tus hijos y tus nietos. Siempre con la sonrisa en los labios y tus manos agitándose nerviosas en señal de despedida.

Eras un volcán humano lleno de amor, temperamento y rebeldía, capaz de erupcionar ante la injusticia o extender tus brazos solidarios para abrazar a los desvalidos; fuiste valiente, con alma guerrera ante la adversidad, eras lidereza porque ibas al frente de las tareas, sea en el hogar o en los desafíos de la comunidad.

Entregaste junto a un maravilloso grupo de damas de nuestra ciudad, torrentes de amor y solidaridad para asistir con alimentos, distracción y alegría a personas mayores de escasos recursos, esa lucha fue inclaudicable y perseverante. Allí está fundamentalmente la esencia de esa multitudinaria presencia de ciudadanos de Bahía, San Vicente y alrededores, en la capilla donde se velaban tus restos y el de Mario Patricio, Mario Adrián y Paola.

Sembraste amor y servicio comunitario y aunque fue en circunstancias de dolor y congoja, la cosecha extraordinaria de reconocimiento por parte de la ciudadanía le deja a sus hijas y nietos, a su entorno familiar, el ejemplo de pisar fuerte en la vida, dejar huellas imborrables y ganarse merecidamente un lugar en el cielo y entre sus conciudadanos.

El águila dejó su nido terrenal, voló al cielo atendiendo el llamado del Señor, y como le encantaba, no viajó sola, se llevó dos de sus polluelos entre sus alas, Mario Patricio y Adrián, una gaviota divina los acompañó en su vuelo al infinito. Voló el águila, siguió las huellas del halcón que anticipó su viaje seis años antes y que los esperaba con ansias en el paraíso, junto un bello coro de ángeles y querubines en una hermosa bienvenida celestial.

Hoy no escribiré con versos, mi poesía está de luto igual que mi corazón, en silencio y con valor cargaré mi pena y mi congoja, pensaré más bien en tu sonrisa, tu algarabía y ese ímpetu que te caracterizó.

Te imaginaré sentada junto al muro de nuestra Bahía hermosa, en compañía de tus amigas o tus hijas, disfrutando del crepúsculo, mágico momento cuando el sol con su rojizo intenso, el mar con la sinfonía de las olas y ese enclave rocoso de Punta Bellaca, cual triángulo amoroso parecen juntarse en un fuerte abrazo; cómo me hubiera gustado estar alguna vez junto a ti para mirar el desfile armonioso de gaviotas y pelícanos buscando árboles para su refugio.

HASTA SIEMPRE HERMANA DEL ALMA, ÚLTIMO VÍNCULO CON NUESTRA AMADA MADRE. QUE DIOS TE TENGA EN SU SENO JUNTO A MARIO PATRICIO, MARIO ADRIÁN Y PAOLA.

Ver en su memoria

Carlos Enrique Ferrín Farías · Bahía de Caráquez, 1947 – 2024