Versos de luto
Déjalos ir
Son parte de tu vida, la esencia de la misma,
los has cargado en brazos, cambiaste sus pañales,
arrullaste su sueño y leíste algún cuento,
esas figuras frágiles, de inocencia a raudales,
son tus hijos, tu sangre, un amor que es portento,
compromiso adquirido de tenerlos contentos.
Cómo quisiera un padre y también una madre,
que esa magia infantil de travesuras sanas,
perdurara en el tiempo, que el reloj no avanzara,
que la estación del tren sea la última parada,
y que los chiquilines corran felices sin cesar,
que disfruten la vida, que canten sin parar,
admiren el paisaje, el sol y su calor,
digan papá y mamá con infinito amor.
Mas la vida nos marca un distinto escenario,
es un tren que recorre algunas estaciones,
en un viaje algo incierto, quizás largo, tal vez corto,
igual a disfrutarlo o mejor enfrentarlo,
es una ruta trazada con mapa establecido,
razón de pertenencia, es Dios quien ha escogido.
Esos infantes crecen, van a la escuela y también al colegio,
si cumplen los diez y ocho son mayores de edad,
serán emprendedores con pinta de ejecutivos,
si son muy estudiosos van a la universidad,
son chicos del milenio, defienden su verdad,
la gran tecnología e inteligencia artificial,
un androide, una tablet, son de uso general,
comunicarse con ellos resulta complicado,
si hay diálogo es muy corto, los abrazos esquivos,
se añora su niñez, se extraña su inocencia.
Es la ley de la vida el saber aceptar,
que los hijos y nietos se deben disfrutar,
mientras son niños dóciles con espíritu amoroso,
adolescentes sanos, jóvenes respetuosos,
que te abrazan y miman con gestos cariñosos,
y sentirte orgulloso de tener una herencia.
El corolario es que en la etapa siguiente,
son adultos formados y reclaman derechos,
a decidir marchar del seno del hogar,
tener familia propia y un trabajo formal,
ha llegado el momento de entender su sentir,
no hay otra opción posible, solo DÉJALOS IR.
Carlos Enrique Ferrín Farías · Bahía de Caráquez, 1947 – 2024