Añoranzas, versos imperfectos y algo más
Don Chinto, un personaje de novela
2004
Si Miguel de Cervantes tuviera que escribir una versión moderna de su inmortal obra EL QUIJOTE DE LA MANCHA, sin duda encontraría una expresión nítida del personaje central, en la figura paternal y valiente de DON JACINTO RIVERO AVEIGA, catedrático y director, soldado y capitán, consejero y amigo, en síntesis UN SEÑOR.
Luchador incansable por la causa de la educación laica, Don Chinto arremetió cual Quijote del siglo, contra los molinos de viento representados por la ignorancia y el privilegio de pocos, para tener una educación de calidad y con proyección formativa, en base al respeto de los valores intrínsecos del hombre honesto. Con la lanza de su espíritu indomable forjó una gran institución que se llama Escuela Particular Mixta Juan Montalvo y, reclutó muchos Sancho Panza para emprender la gran tarea de guiar a miles y miles de niños por el sendero del conocimiento y la búsqueda permanente del bien común.
La tarea del gran maestro, por su solvencia y categoría se extendió luego a las aulas del glorioso Colegio Nacional Eloy Alfaro, plantel en el que rápidamente destacó y, formó parte de ese Club de grandes catedráticos que han dado lustre al centenario colegio.
Su particular conocimiento de las Matemáticas, lo capacitaron para enseñar con seguridad asombrosa y paciencia infinita; sus alumnos lo recordaremos siempre con respeto y gratitud imperecedera. Aunque la estructura auténtica y tradicional del Colegio Alfaro, donde sirvió con abnegación y sacrificio, ha sido lesionada por un grave error histórico, que lacera el alma de los alfarinos, quienes tuvimos el privilegio de recibir sus sabias enseñanzas, no precisamos colocar placas de reconocimiento en unas construcciones que no pueden compensar lo destruido, pero sin duda su nombre está escrito con letras imborrables en cada uno de nuestros corazones agradecidos.
Se ha marchado otro de los grandes del magisterio manabita y en particular del Cantón Sucre, lo ha hecho con su mochila llena de realizaciones tanto en lo referente al servicio comunitario cuanto lo que logró con mucho éxito en el seno familiar. Unos y otros extrañaremos su voz firme y convincente, su léxico claro y exquisito, sus mensajes de optimismo y también llenos de sueños; uno de ellos por más que luchó, no pudo convertir en realidad, tener terreno y edificio propio para su querida Escuela Juan Montalvo, su carta de presentación ante la historia, en la cual se inscribe con letras mayúsculas y de un brillo resplandeciente, cual faro luminoso que guiará eternamente a la niñez y juventud caraquense.
Con orgullo y la congoja del más humilde de sus discípulos, rindo pleitesía y reconocimiento público al gran profesor y, renuevo el compromiso de seguir el sendero que nos señaló. Mis hijos: Carlos César, Johnny Javier y Johanna, se suman a esta sentida expresión de pesar, puesto que ellos lucen con altivez el honor inmenso de ser montalvinos.
Mis sinceras condolencias a Doña Celeste, su abnegada esposa, compañera ejemplar de mil batallas, a sus atribulados hijos: Yaneth, Enrique, Marianita, Isabel, Jacinto, Teresa y Marilú, herederos orgullosos de un hombre que por su trayectoria constituye un personaje de novela, ese libro imaginario que algún día quisiera escribir.
Carlos Enrique Ferrín Farías · Bahía de Caráquez, 1947 – 2024