Cuadernillo de versos imperfectos
El ángel de Cerro Seco
A mi amigo Marcelo Luque Intriago.
Se escucha el lamento de la Pachamama,
enmudece el páramo y gime la niebla,
se agitan los árboles, se angustian las ramas,
los pájaros lloran y la tierra tiembla.
El manglar también muestra su pesar,
su mejor amigo decidió marchar,
el gran defensor, soldado sin pausa,
amigo del bosque, esa su gran causa,
Quedan sus pisadas por muchos senderos,
su figura amable que lleva un sombrero,
nunca se detiene parece incansable,
carga su mochila con celo impecable.
Era un misionero, gran educador,
enseña al colono, también al turista,
su obra generosa, labor altruista,
hoy se siente huérfana, le abruma el dolor.
Fue el campo su esencia, su aroma y su amor,
romance perpetuo de un gran luchador,
nada lo detuvo, esa es su grandeza,
un ángel bahieño con temple y fiereza,
con un alma limpia de blanca pureza.
Él cruzó comarcas y traspasó fronteras,
su nombre resuena en muchas regiones,
que hoy sienten su ausencia, expresan su pena,
la congoja aqueja a sus corazones.
Marcelo mi amigo, vecino entrañable,
te miré jugar, crecer y estudiar,
y aunque el tiempo luego nos puso distantes,
te tuve presente por tu obra importante,
soy ambientalista, de la tierra amante,
comparto tu lucha que muestra proezas,
esa devoción y el amor sublime,
y tu entrega fiel a la naturaleza.
Bahía la sin copia es tu casa grande,
pero el bosque seco siempre es tu refugio,
árboles del trópico, aves y hasta ardillas,
han sido familia, amigos y cómplices,
te extrañarán tanto igual que a un hermano,
amigo leal, insignia ejemplar del ecuatoriano.
Dios te llamó pronto, te quiso en el cielo,
necesita allá tu amor y desvelo,
que cuide su reino, jardín celestial.
como ángel de luz bahieño inmortal.
Ahora eres leyenda, honor bien ganado,
tu obra terrenal es un gran legado.
mientras Bahía siente y lamenta tu ausencia,
buscará consuelo allá en Bellavista,
el barrio que siempre sintió tu presencia.
Carlos Enrique Ferrín Farías · Bahía de Caráquez, 1947 – 2024