Añoranzas, versos imperfectos y algo más
El dulce privilegio de ser padre
2004
El Cuarto Mandamiento de la Ley de Dios, dictamina claramente lo siguiente: “Honra a tu padre y a tu madre para que se alarguen tus días sobre la tierra que Jehová tu Dios te dá”. Está escrito en las tablas de la Ley Suprema para que todos los días de nuestra existencia los hijos rindan culto de obediencia y reconocimiento, para agradecer el beneficio de la vida a aquellos de quienes la recibieron. ¿En qué medida cumplimos con este mandato divino?, es la reflexión que debemos hacer al momento de interpretar cada una de nuestras acciones, de tal manera que seamos capaces de rectificar si fuere del caso o congratularnos si lo hacemos bien. En cualquier circunstancia, más que un mensaje dogmático, es la aceptación de lo real y tangible, esto es, si logramos ser buenos hijos podemos aspirar a ser buenos padres.
Sin duda alguna la madre es un ser maravilloso, cuyos méritos nadie los puede soslayar, razón por la cual justicieramente se ha fijado una fecha determinada para rendirle homenaje universal. La figura del padre tiene igualmente una connotación extraordinaria, no sólo por su participación biológica en la magia sin igual de la concepción, por contribuir con su sangre cual pinceles de genio pintor, a dibujar el mapa genético del nuevo ser que crece en el claustro materno, sino que es también fuente vital, socio permanente en el deseo ferviente de expresar amor filial, de compartir a ratos la angustia de ver un hijo enfermo, con rostro entristecido y mirada inquieta o, disfrutar plenamente la alegría de verlo dar sus primeros pasos, de confesar sus travesuras, en fin de observar como crece y se integra plenamente al seno familiar.
Todo lo expuesto configura un papel trascendental del padre dentro del hogar, razón que justifica que más allá del marketing que a veces distorsiona por su materialismo, se haya escogido el tercer domingo de junio de cada año, para hacerle el homenaje que como protagonista de la vida, merece nuestro reconocimiento aún después de su muerte. Esta fecha es una buena ocasión, para refrendar el amor hacia los padres; los que estén vivos y los que descansan en la morada eterna. A los primeros hay que hacerles sentir con fuerza el palpitar de los corazones de hijos agradecidos, a los segundos, más allá de llevar una ofrenda y elevar plegarias por su alma, hay que reafirmarles la unidad familiar y el respeto por los principios inculcados. Es una gran oportunidad para hacer sentir al padre que es un ser privilegiado, cuya dulzura es tan sensible y estimada como la de madre, su calor y sabiduría tan necesarios como los de aquella.
Debo dar gracias a Dios por concederme el privilegio de ser padre, de haber procreado unos hijos maravillosos, con muchas virtudes y algunos defectos, pero son aporte valioso para la sociedad, la que es testigo de su superación permanente, de sus iniciativas, sus esfuerzos por alcanzar metas, por lograr objetivos. En este día, yo les rindo a ellos mi homenaje, simplemente recordándoles que los amo y que me hacen sentir orgulloso de ser su padre, que me esfuerzo al máximo por ser su mejor amigo. Para Carlos César, Johnny Javier y Johanna mis bendiciones y, en reconocimiento a su forma de ser les dedico una oración extraída del libro: “Con Dios todo es posible” de la autora Helena de Narváez de Otoya*, cuyo texto es el siguiente:
La gratitud por tus hijos
Gracias por mis hijos Señor, por la luz de su inteligencia
por la alegría de su corazón, por la transparencia de su alma,
porque han llenado mis días con el afecto que me dan
y, con la ternura que me inspiran, y han sido la alegría
de todas mis horas
Tú me los diste y, hoy Señor, quiero entregártelos a Ti,
que cuando ya no puedan ir por el mundo cogidos de mi mano,
vayan fuertemente tomados de la Tuya
que la voz que les diste sirva para proclamar
Tu existencia y Tu gloria
que el corazón que les diste, sirva para amar en Tu nombre
que las manos que les diste, sirvan para brindar a sus enemigos
el cálido y bondadoso contacto de paz
Recíbelos en Tu corazón
de Padre bondadoso
y no los dejes salir nunca de allí,
hoy quiero ofrecértelos Señor;
acógelos con Tu amor.
* Helena de Narváez de Otoya, escritora colombiana.
Carlos Enrique Ferrín Farías · Bahía de Caráquez, 1947 – 2024