Cuadernillo de versos imperfectos

El poeta se puso el sombrero

La noticia tenía el rostro y el eco de lo impensado y doloroso. Resultó como una bomba que impactó estruendosamente en el corazón de la sociedad ecuatoriana, especialmente en el segmento de la cultura, la música y la poesía. ARTURO SANTOS DITTO, el gran poeta ecuatoriano, de cuna manabita, nacido entre playa y mar, conchas y caracoles como solía expresar el bardo caraquense, ha fallecido. El hijo amoroso que siempre cantó y exaltó con sus versos delicados y sutiles, igual con su prosa maravillosa y elocuente, a Bahía su amada ciudad natal. Por ello, su nombre debe estar inscrito en cada uno de nosotros sus conciudadanos, sus amigos y hermanos de la vida, los eternos admiradores de su poesía deslumbrante, de arrollador estilo, suprema belleza, sensibilidad, ternura y afecto sin igual, con dardos de rebeldía y solidaridad con los desposeídos.

Arturo fue un mensajero elocuente que llevó sus versos y su prosa sin par, por distintos países de América hispana. La Patria de Martí, Cuba la bella del Caribe lo acogió varias veces para presentar sus poemarios, con gran concurrencia y aplausos sostenidos. En cada país que lo invitó el poeta dejó sentado con su declamación exquisita y sus versos deslumbrantes, la genialidad de su poesía, la profundidad de su mensaje. El bardo cantó magistralmente al amor, a la vida, a sus familiares y amigos, a la naturaleza y sus paisajes; pero tampoco ocultó su espíritu rebelde y revolucionario que por medio de su pluma escribió cual espada de protesta, con energía y valor; la preocupación por las injusticias de la sociedad; defendió a los humildes, elevó su protesta por las muertes y destrucción causadas por la guerra en Irak, igual que hizo a favor de los que viven junto al estero y el manglar en Guayaquil.

La música fue también un espacio importante en la inquietante y agitada agenda del poeta. Durante mucho tiempo mantuvo con excepcional calidad y aplomo un sintonizado programa en Radio Sucre, denominado GUITARRA VIEJA, en el cual combinaba de manera sorprendente y genial, la música y la poesía, para deleite de los felices radioescuchas. Su voz elocuente, casi temblorosa, llegó a miles de hogares con mensajes sublimes de amor, cargados de alegría y nostalgia, esperanza y afecto.

Su obra literaria ocupa un importante espacio en la cultura ecuatoriana, precisamente la Casa de la Cultura Ecuatoriana lo acogió en su seno y le brindó público homenaje de reconocimiento. Como profesional del Derecho trató siempre de ser fiel a las enseñanzas de su padre, el notable jurisconsulto Dr. José Santos Rodríguez.

He aquí un resumen de su brillante y reconocida producción literaria:

• HORIZONTES DEL FUTURO (1970)

• EL RETORNO (1976)

• LLEVÁNDOME ENTRE OJOS A LA ROSA (1988)

• CON EL VIENTO ROJIZO DE LA TARDE (1993)

• A BAHÍA (1995)

• CON LAS CENIZAS DE MIS ANSIAS (1996)

• GUITARRA VIEJA (1998)

• LOS CRISTALES AZULES DEL PASADO (2003)

• VIENTO PEREGRINO (2005)

• LA FUNCIÓN JUDICIAL EN EL ECUADOR, EL CÓDIGO DE PROCEDIMIENTO PENAL, CRÍTICAS Y SUGERENCIAS (2009)

• ERA UNA SINFONÍA DE COLORES (2016)

Cuando todavía tenía mucho que ofrecer a la poesía nacional, una grave dolencia lo sometía a buscar asistencia médica de urgencia. Su fe y confianza en la medicina cubana lo llevaron a la isla caribeña, en el que sería su último periplo; lamentablemente la muerte llamó a su puerta en dicho país. Arturo se puso el sombrero para partir al más allá, aquel sombrero que poéticamente imploraba a su padre que no se lo pusiera todavía, que la campana no sonaba, que aún faltaban mañanas frescas para disfrutar. El poeta entregó su alma al Creador el domingo 7 de julio de 2020, cubriendo de luto las letras y la poesía ecuatoriana, que aquel día enmudeció para derramar lágrimas de ausencia y de dolor.

Físicamente Arturo no está con nosotros, su pluma dejó de escribir, la luz de su genio terrenal se apagó, pero brilla intensamente en el cielo. Su legado inmenso de versos y poesía, sus trazos maravillosos en prosa inigualable, lo ubican indiscutiblemente en el inventario de los grandes poetas ecuatorianos.

Arturo Santos Ditto, el último gran bardo caraquense, finalmente se puso el sombrero y marchó al infinito. Hasta siempre poeta incomparable.

Ver en su memoria

Carlos Enrique Ferrín Farías · Bahía de Caráquez, 1947 – 2024