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El último salmo
Oración de un ser imperfecto
Dios misericordioso y eterno, Señor Padre bondadoso,
ante Ti, postrado y humilde, temeroso y confiado
alzo mi voz cual lamento y, que escuches mi oración,
no desdeñes mis súplicas ni ignores mi dolor,
fortalece mi alma, dale alivio a mi cuerpo,
ilumina mi mente, calma mi sed de rencor,
haz que navegue sobre ríos de agua santa,
que las flores del campo se mezclen con mi sudor
y un aroma de paz abrace mi corazón.
Tú que has sido tan indulgente,
con tu pueblo bíblico escogido,
aleja sombras tenebrosas de mi vida,
dame tu Luz, cúbreme con el manto del perdón,
por mis pecados que han causado tu enojo,
descubre ante mi vista el camino certero,
abre la puerta de tu celestial morada,
con Jesús Tu Hijo amado quiero platicar,
ser su amigo por siempre es mi ilusión,
darle gracias por salvar la humanidad,
por ser muy justo y predicar la verdad,
morir en una cruz para cumplir Tu palabra,
es Cristo Redentor, el salvador, nuestro Mesías,
aquel que cuida de nosotros cada día,
nuestro alimento espiritual, nuestra alegría,
el rostro que quiero ver en mi agonía,
la voz de la esperanza y vida eterna.
Oye mi súplica Dios piadoso, Señor de Israel,
el canto de mi corazón llega hasta Ti,
quiero caminar por verdes campos,
libres de abrojos y cardos peligrosos,
respirar el aire del consuelo divino,
confío en tu benevolencia de buen Padre,
pues eres Dios, Rey de Reyes e inmortal;
¡ALABADO SEAS POR SIEMPRE!
Publicado en su perfil de Facebook. Las separaciones de estrofa se han marcado donde el texto cierra cada periodo con punto.
Carlos Enrique Ferrín Farías · Bahía de Caráquez, 1947 – 2024