Añoranzas, versos imperfectos y algo más
El viejo guerrero decidió marcharse
2003
Llegaron de todas partes, devorando distancias, venciendo la ansiedad, desafiando al tiempo. La cita tenía el carácter de urgente y la convocatoria la planteaba nada menos que el jefe del clan, DON FRANCISCO JAVIER MANTILLA BASANTES. El único punto a tratar, “el viaje inesperado del patriarca”, así de manera escueta, causaba inquietud, temor, angustia y preocupación. En medio de un respetuoso silencio, la voz de Don Paco descifró el misterio, despejó la incógnita con frases serenas pero firmes, en una muestra de coraje y fortaleza, de amor y ternura para sus hijos, su prole, el mapa genético que dibujó en su larga travesía por el planeta tierra, el fruto fecundo del labrador incansable, la obra maestra del artista del trabajo, forjada con el pincel de la perseverancia y con el apoyo extraordinario de una gran señora como fue DOÑA IRONÉ GILER PINO.
Mientras anunciaba la decisión de realizar un gran viaje hacia el paraíso eterno, por la mente del viejo guerrero desfilaban escenas que, en una síntesis de agonía dibujaban como a manera de inventario y en orden cronológico, el legado que dejaba para la comunidad bahíeña, la provincia y el país y, sonrió contento al comprobar que el rol le indicaba: un bachiller Agrónomo (Rafael), un Empresario(Paco), una Estilista(Yaneth), un Médico (Ricardo), un Economista (Raúl), un Odontólogo (Gustavo) y, un Arquitecto (Fernando); mencionó con dulzura los nombres de Carmen, Rosendo y Amalia, también sus hijos. Su rostro se encendió al recordar su larga estancia en Bahía de Caráquez, ciudad que amó entrañablemente, pensó en la interminable cantidad de amigos que atesoró durante más de medio siglo; pidió disculpas a quienes quizás lastimó con su carácter a veces duro y temperamental, pero reafirmó hasta el último instante su amor por Bahía, ciudad a la que incluso por la fuerza generacional, entregó dos reinas que enaltecieron al orgulloso puerto cuando conquistaron la corona provincial, en recordadas jornadas de fantasía y belleza.
Después de repartir bendiciones, de reafirmar el deseo de la unidad férrea de la familia, el viejo caudillo pronunció con voz débil y trémula la frase tan temida: “he decidido marcharme, no se preocupen voy a un hermoso lugar, llegó la hora del reposo, voy tranquilo ante el Juez Supremo, allá será el reencuentro con doña Iro y con muchos amigos que apresuraron la partida. Hasta siempre hijos queridos, quiero verlos sonreír en esta despedida, conservar un recuerdo grato de su padre y, transiten siempre por el camino del trabajo y la honradez. Ahora puedo viajar en paz a mi morada eterna”.
El viejo guerrero inició la travesía hacia el infinito, lo hizo sobre las alas del cóndor, como queriendo recordar a su nativa Latacunga, pero en su largo vuelo siempre escogió la ruta del sol, esa que muestra a cada instante la belleza de su querida Bahía. El único equipaje era su alma limpia, el pasaporte al cielo su espíritu cristiano y su obra terrenal. El comité de recepción lo encabezaba su amada Carmen Ironé, sus amigos de antaño que anticiparon el descanso eterno y, un hermoso coro de ángeles celestiales.
Don Francisco Mantilla Basantes, escogió el 28 de Mayo para traspasar la frontera que separa la vida y la muerte, acaso quiso recordar la épica jornada de la revolución del 28 de Mayo de 1944, en la cual participó o, quizás recordó que en esa fecha cumple años su china querida y es una manera de estar presente y compartir con su familia tan especial ocasión. Se cumple aquello de que más sabe el diablo por viejo que por diablo.
Hasta siempre Don Paco, amigo entrañable y ejemplar.
Carlos Enrique Ferrín Farías · Bahía de Caráquez, 1947 – 2024