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La carta esperanza

Caminando por las calles de mi ciudad descubrí,
un reguero de papeles sin aparente valor,
mas un sobre y una carta con membrete de color,
mi curiosidad tentó y afanoso recogí.
Como prenda muy valiosa aquel sobre conservé,
y pecando de infidente su contenido observé,
su lectura conmovió lo profundo de mi ser,
un impulso inesperado hizo que vuelva a leer.

Una creciente inquietud esa carta despertó,
pues los rasgos de esa letra parecía reconocer,
de una amiga muy lejana a quien nunca volví a ver,
se marchó a tierras lejanas y jamás se despidió.
Un consejero y amigo escribir le sugirió,
descargar todas las penas que aquejen su corazón,
incluyendo al gran ausente su mayor preocupación,
planificar nueva vida con optimismo aceptó.

La misiva revelaba en su párrafo final
una actitud renovada y semblante señorial,
nuevos senderos seguir y anhelos por alcanzar,
diseñaron nueva ruta y lo pasado olvidar.
Con asombro descubrí que la carta señalada,
escrita el mes de setiembre, década de los ochenta,
la firmaba al despedirse rúbrica de puño y letra,
la misma destinataria que en dicho sobre constaba.

Hoy con canas en la sien me pregunto una vez más
si hubiera estado presente acaso pude ayudar,
a esa amiga que turbada anhelaba sólo paz,
pero el destino no quiso que la volviera a encontrar.
Los años han devenido y el tiempo sin fin avanza,
esa dama cuya imagen lentamente se ha esfumado,
espero sea muy feliz como en la carta esperanza,
se cumplan todos los sueños en el papel redactado.

Guardo esa carta en mi alma como recuerdo de escuela,
y miren qué coincidencia, hace poco vi a esa amiga,
me alegro por su presente dorado como la espiga,
reconozco nuestras vidas ya son líneas paralelas.

Versión publicada en su perfil de Facebook. En el Cuadernillo apareció otra versión, «Cuando el amor no alcanza».

Leer y escuchar en su memoria

Carlos Enrique Ferrín Farías · Bahía de Caráquez, 1947 – 2024