Versos de luto
¿Por qué yo no Señor?
Un diagnóstico cruel, una noticia ingrata,
resultado implacable de exámenes repetidos,
una dolencia interna, quizás de vieja data,
agrede mi organismo, sacude mi equilibrio
pretende perturbar la agenda de mi vida,
quebrar mi resistencia, salir en estampida,
pensar en el final, preparar despedida;
mas mi espíritu rebelde y ganas de luchar
frenaron ese intento de mi ser doblegar
Diez años han pasado y aún estoy erguido,
no por ser un guerrero, sí por ser bendecido
por Jesús el Señor que me tomó del brazo,
el amor de mis hijos, el calor del abrazo,
la oración de amistad, una fe inquebrantable,
Una noticia así te envuelve en la tristeza,
abruma tus sentidos y te invita a exclamar,
en forma de protesta de inmediato expresar,
¿POR QUÉ YO SEÑOR, acaso te he faltado?,
de manera tan grave para ser castigado,
o es una prueba dura ante algunos pecados,
son reflexiones vanas, que no tienen sentido.
La respuesta se tiene muy pronto y con dolor,
cuando miras a niños con cabeza rapada,
en brazos de su madre, tristeza en su mirada,
figura endeble y pálida, piel mordiendo los huesos,
cuadro desgarrador, lección para entender,
que la vida es un globo que explota fácilmente,
con el mínimo roce o punta de alfiler.
Ese cuadro que oprime tiene un claro mensaje,
el dolor no es selecto, no tiene privilegios,
es igual para todos, seamos niños o viejos,
sin distingo de raza ni edad para sentirlo,
experiencia vivida me hizo comprender,
que la respuesta es: ¿POR QUÉ YO NO SEÑOR?
Esta batalla diaria tiene muchos aliados,
galenos y enfermeras, amor en todos lados,
mas Jesús va primero con su misericordia inmensa,
es médico espiritual, una relación intensa,
confío en Él plenamente, conoce mis urgencias,
perdona mis pecados, dicta las penitencias.
Carlos Enrique Ferrín Farías · Bahía de Caráquez, 1947 – 2024