Cuadernillo de versos imperfectos

Se apagó la sonrisa

A mi amiga Ana Patricia.

Era como una luz con un brillo inusual,
de sonrisa encantadora y simpatía sin par,
nació en cuna de playa y arrullo con el mar,
y jugueteó traviesa con destreza genial.

Dueña de ímpetu tremendo cual una tempestad,
su simpatía a torrentes conquistó la amistad,
y sus ojos hermosos cual divino candor,
eran como una fuente de dulzura y amor.

Ella era la alegría, la fiesta y la emoción,
vedette del entusiasmo, mensajera de amor,
amazona incansable de intrépido fulgor,
me cuesta imaginarte en otra dimensión.

¿Cómo aceptar sin pena y con tristeza inmensa?
que una madre y abuela con una vida plena,
anticipe su viaje al reino celestial,
sin equipaje listo, ni un mensaje ni adiós,
resulta inexplicable aunque sea tan real;
simplemente escuchó el llamado de Dios.

Acaso el Ser Supremo necesitaba un ángel,
que le brinde frescura y esa sonrisa franca,
de un alma generosa con aromas de flor,
y, que embriague su reino con perfumes de amor.

Ana Patricia amiga, te conocí guerrera,
admiré tu pujanza y tu amistad sincera,
cuántas plegarias a Dios rogando que te quedes,
más decidido estaba tu encuentro con Mercedes,
tu madre cariñosa que anhelaba abrazarte,
y cual hija obediente presurosa marchaste.

Allá en el infinito, entre nubes y estrellas,
la magia de tu encanto y luz de tu sonrisa,
no se apagará nunca, seguirá siendo bella,
la sentiremos siempre cuando sople la brisa,
y en noches despejadas con espléndida luna,
brillarás como siempre, hermosa cual ninguna.

Leer y escuchar en su memoria

Carlos Enrique Ferrín Farías · Bahía de Caráquez, 1947 – 2024