Añoranzas, versos imperfectos y algo más
Un canario cantor ha dicho adiós
2005
Cuando aún resuenan en todos los confines del Ecuador y de América mestiza los ecos románticos del genio inmortal de Julio Jaramillo, figura señera de la música ecuatoriana, cuya idolatría se acrecienta con los años, cuando el bullicio y el jolgorio de las festividades de carnaval dejan huellas recientes en el corazón de los bahíeños y de los manabitas, cuando está latente el dolor por la pérdida inmensa de tres respetables damas, la parca de la muerte vuelve a impactar inesperadamente el sentimiento de una colectividad que más allá de los presagios agoreros, anhela seguir adelante con el destino que la historia le tiene reservado.
VICENTE USCOCOVICH CÓRDOVA ha muerto. Difícil asimilar el duro golpe de una noticia inesperada, tan fuerte como la he vivido con ocasión de la pérdida de familiares muy queridos. Un gran amigo se ha marchado, un hombre bueno, no solamente un buen hombre que es diferente; el arte y la cultura caraquense se estremecen de dolor y pena por la repentina partida de uno de sus más preclaros representantes, la sociedad se priva de un hombre solidario con los demás, preocupado por los humildes a pesar de no ser un potentado, el deporte pierde también a un buen futbolista, la familia ya no tendrá el calor humano que brinda la figura del padre, del hermano, del pariente comprensivo, del camarada permanente.
El genio del canto caraquense nos ha dejado, cual canario que abre su jaula en busca de libertad, ha partido hacia el infinito, hasta el último instante se ha abrazado con la música y el romance de la vida, pero ha sucumbido al coqueteo con la muerte, que intermediaria del destino, ha querido transportar su arte y su melodía hacia el escenario inmortal del más allá. Seguramente lo esperaban para disfrutar y compartir la sinfonía expresada por su maravillosa voz, otros brillantes intérpretes como Eddie Erazo, Gonzalo Dueñas, Hugo Acosta, conjunto de ases musicales cuyo denominador común es Bahía de Caráquez, figuras que como Vicente, forman parte de la leyenda y, vivirán para siempre en el recuerdo de todas las generaciones bahíeñas, incluso las que circunstancialmente viven en Estados Unidos, Europa o cualquier otro lugar del planeta.
Que enmudezcan las guitarras y los micrófonos, que se silencien las voces que llevan serenatas en las noches románticas y bohemias del puerto, el romance está de luto, los enamorados parecen perder identidad, hay confusión, hay lágrimas de dolor por la muerte del bardo de la música, hay desconsuelo en el pentagrama porteño, las notas musicales se rebelan ante la adversidad y no quieren juntarse, pero se dan tiempo para acompañar a su última morada, al dueño de una voz incomparable con destellos de tenor y expresiones de fantasía melodiosa.
El canario cantor voló hacia los cielos, su espíritu de libertad lo llevará sin duda a conquistar con su voz los confines del universo, en todos los escenarios será siempre un triunfador, pero el amor por su tierra nos traerá su espíritu de vuelta y, en cada reunión familiar o noches de bohemia y de romance, eternamente se recordará el nombre de Vicente Uscocovich, especialmente cuando se escuche la letra de la canción que interpreta Alberto Cortez: “Cuando un amigo se va”.
Un abrazo solidario y sincero para todos sus familiares.
Carlos Enrique Ferrín Farías · Bahía de Caráquez, 1947 – 2024