Versos de luto
Versos de la nostalgia
Siento mi mente y mi alma sumida en los recuerdos,
añoranzas desfilan cronológicamente en mi ser,
el álbum de mi vida se abre abruptamente,
sus páginas dormidas se agitan de repente
y muestran cual película vivencias del pasado,
mi espíritu se transforma, me invade la nostalgia.
Camino por la playa, solo en traje de baño y descalzo,
el pelo alborotado, figura larguirucha buscando caracoles,
el rostro de la inocencia y la picardía se confunden,
no hay malicias ni pesares, quizás una travesura,
hay tiempo de disfrutar del paisaje y su hermosura,
las olas del mar saludan y danzan en armonía,
un baño reparador junto al faro de Bahía,
cómo anhelo revivir ese instante de locura,
para restaurar mi cuerpo, siento la melancolía.
Corre la cinta en mi mente y me veo adolescente,
el parque Manuel Nevárez y árboles de tamarindo,
monumento natural, un jardín verde esperanza,
cuántas historias y anécdotas, cientos de generaciones,
ideal para disfrutar una noche de bohemia,
serenata a las internas del Colegio Inmaculada,
las monjitas se fastidian, las chicas en las ventanas,
son postales juveniles, los galanes por doquier,
momentos inolvidables, cómo quisiera volver,
celebrar con mis amigos y ver el amanecer.
Se enciende mi rostro de emoción y mucho orgullo,
visto uniforme kaki, corbata azul y emblema en mi pecho,
es el escudo inmortal del glorioso Eloy Alfaro,
el colegio centenario, nuestro oráculo de Delfos,
cuna de grandes maestros, cimiente del gran saber,
alumnos y profesores, una familia por siempre,
somos alfarinos carajo, gritamos a cuatro vientos,
Eloy Alfaro por siempre cuna del conocimiento.
El álbum muestra más páginas, un escenario distinto,
me miro en el Alma Mater, es un mundo diferente,
el desafío es distinto, la responsabilidad la misma,
hay espacio para todo; escuchar, aprender, investigar,
las ideologías aparecen y los debates también,
es principio universal, se lucha por el poder,
prevalece el más experto, el otro debe esperar,
mas el objetivo es una profesión tener,
un argumento de peso para la vida enfrentar.
Y, desfilan los recuerdos hacia una etapa crucial,
es la hora del trabajo y de formar un hogar,
construir una familia y la vida proyectar,
tener sueños y esperanzas de forjar un porvenir,
hijos que lleguen cual luz y que alumbren el hogar,
brindarles todo mi amor y enseñarles a luchar;
hoy soy un padre orgulloso por sus logros admirables,
Dios los acompaña siempre y los guía por senda buena.
Es un inventario largo pues son setenta y cinco años,
alegrías y tristezas, éxitos y fracasos juntos,
son parte de mis vivencias, apenas algunas de ellas,
mas la nostalgia mayor, es Bahía la ciudad bella,
con su rostro fulgurante cual resplandor de una estrella,
el mar, su gente, su sol; un edén incomparable,
está en mi mente por siempre y en mi alma eternamente.
Carlos Enrique Ferrín Farías · Bahía de Caráquez, 1947 – 2024